Temporada 2009-2010

Un paso adelante

Un  paso adelante

El último día de la Liga, ante el Xerez, el aficionado rojillo estaba más ocupado en comprobar si el equipo andaluz sería capa de salvarse que de otra cosa. Una bendición de tarde primaveral si recordamos las agonías de los dos años anteriores, cuando el sufrimiento acompañó la salvación osasunista hasta el pitido final de los partidos. Esta vez no hubo tal. El Club Atlético Osasuna hizo los deberes con el tiempo suficiente para que sus incondicionales vivieran las dos jornadas que clausuraban el campeonato de Liga con la placidez de saber que el objetivo ya se había alcanzado. Pero no resultó sencillo llegar a este punto. Por el camino hubo que trabajar duro, superar algunas dudas del entorno y las dificultades que oponían los rivales. La plantilla soportó estoicamente todos los contratiempos. Cuando arreciaban las críticas jugadores y técnicos dejaron sobre el césped mensajes muy claros de que ellos sí creían en sus posibilidades. Y el tiempo confirmó sus razones.

Osasuna se presentó al arranque de Liga con pocas novedades. El mismo técnico de la salvación milagrosa, José Antonio Camacho y solo tres contrataciones en un  mercado que acusó la coyuntura económica: Javier Calleja, experiencia adaptable a cualquier posición de banda izquierda; Carlos Aranda, delantero referencia arriba para definir un estilo de juego y Javier Camuñas, jugador polivalente capaz de barrer todo el frente de ataque y funcionar defensivamente como centrocampista. Por lo demás, otro guiño de confianza en la cantera: regresó Jokin Esparza después de su cesión al Huesca, y apuesta de futuro por dos nuevas caras del Promesas: el mediocampista, Rúper y el delantero, Jorge Galán. En diciembre, por necesidades de la línea defensiva, se incorporó Jon Echaide, hasta entonces cedido con éxito en el Huesca.

La afición observó el inicio de la temporada con cierto recelo. El final del curso pasado había dejado cierto tinte polémico que alimentaba el ánimo de los más morbosos. El arranque del equipo no ayudó  a despejar las dudas. Las tres primeras jornadas fueron carne de cañón para los sectores más críticos. La cuarta jornada en el Nuevo José Zorrilla de Valladolid se encaró en condiciones de ganar sí o sí para detener esa ola de negativismo. El equipo sufrió para sumar un triunfo que se demostró importantísimo. Galán en su primer balón como delantero de Primera división selló los tres puntos que devolvían la tranquilidad. Desde ese instante el equipo agarró la confianza necesaria para desata su estilo de juego sobre el campo. El juego directo empezó a cobrar  más sentido en las circulaciones del balón pero siempre con el orden defensivo como bandera. Un par de fechas después, contra el Atlético de Madrid, el Reyno de Navarra disfrutó un buen espectáculo de los suyos (3-0) que vino a ratificar el nivel competitivo y la confianza que se podría tener en el equipo.

Tras las turbulencias iniciales, Osasuna empezó a navegar en aguas templadas de la tabla, por momentos mirando más a los de arriba que a los de debajo. Un gran partido ante el Barça (0-0), que llegó a Pamplona con la vitola de invencible, ayudó a entender que este año las cosas funcionarían mejor. Las expectativas se dispararon cuando desde la jornada 18 hasta la 21,  Osasuna enganchó cuatro victorias seguidas (Espanyol, Xerez, Villarreal y Tenerife), que dieron un impulso anímico quizá exagerado. Los más optimistas, incluso dentro del vestuario, enviaron mensajes ambiciosos: había que mirar a Europa. La realidad, sin embargo, dictó sentencia. Una racha, esta vez en sentido negativo, de siete fechas sumando tan sólo dos puntos alertó de que no convenía olvidar el verdadero objetivo: la permanencia. Lo contrario hubiera sido una enorme sorpresa. Los malos resultados generaron dudas y los críticos volvieron a desenterrar su pesimismo latente. Los nervios se instauraron peligrosamente en el entorno rojillo. No así en el vestuario. El equipo siempre transmitió confianza, fe y tranquilidad.

El 24 de marzo Osasuna visitaba el Camp Nou sumido en esa racha descendente. Tenía una misión imposible: sacarle siquiera un punto al FC Barcelona. Lejos de salir entregado, Osasuna disputó una soberana primera parte tras la que debió retirarse con ventaja en el marcador. No fue hasta el final de la contienda cuando el Barcelona resolvió a su favor. Pero aquel partido era el indicio de que el equipo estaba muy vivo. De que se encontraba fuerte. De que los malos resultados no habían hecho mella en el vestuario. Una semana más tarde ante el Zaragoza ratificó todas esas sensaciones. Un gol de Aranda al minuto de juego despejó el camino de la victoria en un encuentro crucial. El ánimo volvió al aficionado. El colchón de puntos sobre el descenso dejaba bastante margen de maniobra.

Un  paso adelante

Para entonces el equipo había consolidado una personalidad futbolística muy definida. Las funciones de cada cual en el campo estaban claras. Minimizar los errores era la consigna fundamental. Pero la ambición era la de ganar. Siempre. Si el juego tiraba más por la eficacia que por la estética aún y todo surgieron oportunidades para lucirlo. Ocurrió en el mejor escaparate posible: el Santiago Bernabéu. A falta de cuatro jornadas, Osasuna ofreció la imagen más brillante de la temporada. Ante un Real Madrid que se estaba jugando el título de Liga, los rojillos saltaron al campo sin complejos con un planteamiento perfecto que maniató el juego de los blancos. Marchó por delante en el marcador hasta bien entrada la segunda parte, gozó de una oportunidad increíble para sentenciar pero cuando el empate mascaba la tragedia en un Bernabéu atónito, Cristiano Ronaldo acabó con el sueño rojillo. Pocas veces una derrota endulzó tanto a sus seguidores. Ese aroma de equipo cuajado anunció que la salvación sería cuestión de días. Sólo tres hubo que esperar para certificarlo. El 5 de mayo venciendo por 3-1 al Deportivo, el CA Osasuna festejó la permanencia. Restaban todavía dos jornadas que el técnico aprovechó para dar descanso a unos y minutos a otros. 

El curso 2009/2010 del Club Atlético Osasuna mejoró los anteriores. Más allá de los debates de estilo, el equipo demostró ser siempre competitivo, extremadamente ordenado, “canchero” en términos argentinos. José Antonio Camacho sacó un excelente rendimiento a las piezas disponibles. Aprovechó sabiamente las cualidades de un plantel que dio un paso adelante.

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